Estoy tan feliz que quiero ser otra cosa. Quiero ser una falta de respeto. Eso mismo: una falta de respeto.
Dejémonos de joder con tanto mito, con tanto renacimiento, con tanto leitmotiv más viejo que Dios. Elijamos nuestras posibilidades y que éstas estén lejos de estar muertos o de ser un grillo, que para el caso es lo mismo.
Seamos, seamos, sé vos, sé otro, sé una falta de respeto. Es la única forma de acercarse o de alejarse –no sé- a uno mismo.
La felicidad que siento en este momento me desborda. Estoy más allá de todo lo conmovible, de lo sensible. Es una tensión en el pecho. Es más que eso, más que todo más que todo más!
Vulgar. Muy vulgar, usando la palabra del mundo, la que no llega a nadie; la palabra que ya no significa; la palabra bruta sin erudición; la palabra prevista que todos esperan menos yo.
Como esperar que nuestro hijo nazca idiota. Eso mismo, que nazca idiota.
Si supieras que en este momento esas zapatillas quieren salir a caminar, a correr, a darte un beso. Quieren bailar de alegría, de inspiración, de aburrimiento. Yo quiero ser alguien, pero no cualquiera.
Si supieras que no te creo, que no puedo creerte, que te sigo, que me sacudo, me levanto, me acuesto, me cuelgo, me desprendo bruscamente, me contagio, me contamino, te miento. Mal. Mucho. Vos me mentís también y es peor, porque no lo sabés.
La muerte me espera con una sonrisa. Le devuelvo el gesto. No es raro para mí sonreírle a la muerte con su demente célibe muleta, menos en esta noche en que estar muerta me resulta tan natural. ¿Los muertos decimos incoherencias o renace el surrealismo como única forma de expresión?
Algo vive en mí. Algo que viene de un lugar en el que sólo se oyen gritos, se huele la podredumbre, una atmósfera muy densa. Y yo sin saber qué hacer ni qué decir, me contorsiono, me distorsiono y me canso mucho de que todo cueste tanto.
Esas zapatillas quieren aletear, volar y aterrizar en un lugar que huela a caramelos, a sábanas limpias de habitaciones ignoradas hasta hoy.
Desconcentración a causa de gritos de júbilo: ¿de qué se ríe la gente en estos días?
Intento de retomar la virtuosísima empresa. Nueva desconcentración. Causas fisiológicas: sueño, hambre. Causas psicológicas: desilusión post desconcentración.
Las zapatillas se levantan del piso sin dejar de pisarlo. No van a correr ni a volar ni a besar a nadie. Se trasladarán sólo unos metros, vagamente. Van a reposar, no les queda otra. Ven que todo es amarillo; no hay color rosa para las zapatillas hoy. Y todo, todo sucede porque hay una puerta que está cerrada y que las deja del lado del mundo; chocándose con el mundo, reconociéndolo abruptamente. El impacto las hace reflexionar y, si hay algo que todos saben, es que las zapatillas se enferman de reflexionar.
María Luisa es una mina muy ilusa, cree todo lo que le dicen. También suele estar siempre melancólica, depresiva y, tiene la facilidad de “colgarse” en cualquier momento y lugar: caminando por la peatonal, en el trabajo, mientras estudia, con amigos. Lo cierto es que cada cuelgue de María Luisa produce una suerte de hipnosis en todo lo que se encuentre a su alrededor. Imagínese toda una cuadra de la peatonal Córdoba paralizada, suspendida en tiempo y espacio; imagínese asimismo a los transeúntes, a los comerciantes perdiendo minutos de la mañana en ese delicioso trance; o piénsese, si se quiere, a María Luisa en el cine o en un boliche. En fin, no hay un sólo cuelgue de María Luisa que no deje a todos con la curiosidad de saber en qué habrá estado pensando durante el mismo.
María Luisa se encontró un día con un viejo amigo, con quien había trabajado en una revista, el cual, tras un par de cervezas, preguntó:
-Che, ¿por qué nunca estuvimos juntos vos y yo?
María Luisa, sintiéndose conmovida al escuchar lo que por muchos años había esperado y a la vez decepcionada después de tanto tiempo, juntó fuerza, tomó aire y le soltó una respuesta:
-No creo que la causa sea muy profunda. Se me ocurren dos alternativas: uno, no podíamos perdernos como compañeros, porque eso era lo importante y lo único que hacía que nos viésemos tan seguido; dos, vos no me querías, porque lo que es por mi… yo te adoraba…
-¿Sí? ¿Cómo es eso?
-Es simple. Un día te saqué del montón de tipejos del mundo para ubicarte en un lugar especial: mi grada de los idealizados. Tuviste ese privilegio durante mucho más tiempo del que te merecías, a mí entender. No puedo idealizar a alguien por mucho tiempo si éste no me provee del material que necesito para hacerlo. Así que después de un tiempo considerable (durante el cual mi alma estuvo bastante atormentada) tuve que actualizar mi grada, y naturalmente, te devolví al montón del cual habías salido.
-Eso es porque no me amabas.
-El amor no es amor al otro en cuanto tal, sino amor a uno mismo y sobre todo amor a la muerte, y vos tenés muy claro esto que te estoy diciendo.
-Sí, ni siquiera estás usando tus propias palabras.
-Claro, uso las palabras de otro para no gastar las mías.
Y no pudo evitar el cuelgue tras divisar, en la pared detrás de su amigo, un pequeño dibujo enmarcado que tuvo el poder suficiente como para evadirla, sin que ella pudiera hacer nada al respecto. Su amigo, que ya conocía los cuelgues de María Luisa y que había pasado por tantos de ellos como para no dejarse hipnotizar, se levantó, pagó las cervezas en la barra y salió del bar sin que ella lo notara.
"Una mujer está sentada sola en una casa. Sabe que no hay nadie más en el mundo: todos los otros seres han muerto. Golpean a la puerta." Thomas Bailey Aldrich (1836-1907)